Migrar y reencontrarse: cómo sanar la soledad lejos de casa
Migrar y reencontrarse: cómo sanar la soledad lejos de casa
Migrar no es solo cambiar de país. Es cambiar de idioma, de olores, de costumbres.
Es volver a empezar incluso en los gestos más simples: cómo se saluda, qué se come, qué se espera de vos.
Migrar también es perder lo conocido, sin tener todavía lo nuevo.
Y en ese espacio intermedio, muchas veces aparece la soledad.
Una soledad que no siempre es falta de compañía, sino falta de referencia.
No saber bien quién sos en este nuevo contexto.
No tener a quién llamar cuando te sentís mal.
No encontrar las palabras exactas para explicar lo que te pasa.
La soledad migrante: más que estar solo, es no reconocerte
Como psicóloga he acompañado a muchas personas migrantes.
Una frase se repite con distintas voces:
“No me reconozco.”
Porque migrar puede ser también un desarraigo interno.
Ya no sos quien eras, pero todavía no sabés quién vas a ser en este nuevo lugar.
Y eso, a veces, duele.
Cómo volver a echar raíces en un nuevo país
No se trata de replicar lo que tenías, ni de forzarte a encajar a toda costa.
Se trata de crear un espacio interno donde puedas sentirte en casa.
Aunque sea pequeño. Aunque sea en silencio.
Porque las raíces nuevas no siempre crecen rápido. Pero crecen.
Pequeños rituales que ayudan a reconectar
- En una palabra familiar que encontrás en medio de una conversación.
- En la primera amistad que no te pregunta de dónde sos, sino cómo estás.
- En los rituales que creás con vos misma para no sentirte tan lejos.
Migrar también puede ser volver a vos
Migrar es una forma de partirse y de reunirse.
Y también una forma de recordar que vos podés ser tu propio territorio.
A veces, el primer lugar donde volver a echar raíces…
es adentro tuyo.
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